viernes, 21 de agosto de 2009
rastros
Me resulta divertido ver cómo me encargé de desparramarte por todos mis apuntes y cuadernillos y carpetas. De literatura. Estas un poco en la literatura medieval y en los recursos poéticos, apareces en todo el amor cortés (en todas las hojas, sin excepción), después en artículos de Shakespeare también te asomas un poco (con lápiz). Me resulta divertido encontrarte llenando márgenes, o entre renglones. Es como volver a verte como te veía entonces. Hace unos meses. Te acabo de encontrar también entre un análisis de Antígona y el teatro griego. Es lindo saber que un día pensé tan bien de vos. Son lindas tus iniciales por ahí, o vos en partecitas de canciones (canciones que son inequívocamente vos). Me gusta que te aparezcas por ahí cuando tengo que leer. Me hace sonreir.
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la necesidad de ver ciertos nombres escritos. me pasa seguido.
ResponderEliminarme suena conocido, garabatear los apuntes de un cuadernillo en todos sus márgenes.
ResponderEliminaramor cortés y amor adolescente, por qué no (eso sí a la hora de estudiar es recomendable pasar todo en limpio, para evitar distracciones)
te caché creo.. more? nos vemos en el cole alguna sala de ensayo o en la blogósfera
saludetes de la chica de al lado :)
Un clásico de ayer y hoy.
ResponderEliminarAsí no hay liquid paper que alcance.
hay veces que el lenguaje es presencia / es deseo. Dice Barthes:
ResponderEliminarEl lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a modo de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación.