En esta languidez, esta llanura indeseada que supone la existencia en esta ciudad demasiado mediana y calurosa, habrá que enamorarse para no morir. De todo y todas y todo el tiempo y en un montón de lugares a la vez. Simultáneamente. Desprejuiciada e impulsivamente. Será preciso tener todo un repertorio de amores imposibles y de amores platónicos, categorías que pueden confundirse pero que deberán diferenciarse cuidadosamente a fines prácticos. Existirán aquellos con peso histórico, de caracter más o menos fijo, recurrentes y ligeramente inolvidables. Entre ellos, se ejemplifica: la cantante que toca el bajo, la actriz entrada en años, la líder revolucionaria chilena, entre otros ejemplares. También estarán los amores variables, los que se adicionarán por bar y por noche, adoptando formas un tanto más efímeras, pero no por eso menos contundentes y eficaces. Véase la chica de la agrupación estudiantil, la otra chica de la otra agrupación estudiantil opositora, la moza, la compañera de la secundaria de tu compañera de la facultad, la quiosquera, la coordinadora del viaje de egresados, la chica del videoclub, la ayudante de cátedra.
Enamorarse de una profesora será fundamental, incluso sin contemplar el impacto positivo o negativo sobre la vida académica. En este caso particular, se supone un amor fiel, proyectado, indecoroso, y por sobre todas las cosas, adolescente. Claramente este se presenta como sub-tipo de la categoría amor platónico, no por eso siempre imposible (considénse casos de la realidad). Una conducta típica de este amor será estudiar violentamente para las evaluaciones a la expectativa de obtención de las mayores notas de la clase, entrega de trabajos en tiempo y forma sin excepción, búsqueda de cruce de miradas siempre que así lo posibilite la ocasión, presentabilidad impecable en aspecto físico al asistir a sus clases de las ocho de la mañana, selección de léxico categórico pero con alto contenido afectivo, sonrisa inefable, distracción constante ante la mostradura inesperada de piernas, entre otros.
Salir de viaje y recolectar amores y no-amores es otro campo de sólida importancia. Nótese que introducimos aquí la categoría del no-amor, eje central de nuestra teoría, por el cual debe entenderse aquel amor que no ha podido ser concretado por causas de tipo circustanciales en tanto incoordinación de lugar, tiempo, estado civil, u otras consideraciones que se hayan encontrado justas. Suelen ser fulminantes y de gruesa importancia para la vida afectiva. Posible indentificación del no-amor como "amor de la vida", ante la imposiblidad de experimentación efectiva.
Se deberá tener un amor en otro país a quien jamás hayamos conocido, pero de quien construímos un tipo ideal e imaginario. Un amor que aun nunca fue, en Inglaterra. O enamorarse de una escritora colombiana sólo por sus tatuajes y por sus palabras. Soñar con una italiana para casarse, o con una francesa con quien viajar en la campiña. La idealización y sobre-proyección de figuras será absolutamente clave para seguir la conducta recomendada en la teoría que aquí esbozamos precariamente.
Consideramos quienes adherimos a este humilde ensayo y llevamos a la práctica la postulada forma de vida, que es así y sólo así que puede vivirse con algo de dignidad y la suficiente alegría.
Notifíquese y divúlguese. He dicho.
jueves, 15 de diciembre de 2011
viernes, 9 de diciembre de 2011
Quiero retruco
- Quiero.
Y ahí nomás me atravesó con la espada afilada de un ancho en una suculenta e innegable victoria.
Y ahí nomás me atravesó con la espada afilada de un ancho en una suculenta e innegable victoria.
sábado, 3 de diciembre de 2011
andate a la concha de tu madre, Parsons
Casi siempre cuando más quiero estar sola es cuando me veo obligada a estar rodeada de gente en una situación de esas sociales. El tiempo no pasa rápido y yo sonrío tantas como me acuerdo por charla que alguien quiere iniciar. Hay chicos que gritan y llorar. Yo también quiero llorar. Miro a mi viejo, él tampoco quiere ni sabe cómo estar ahí. En eso nos parecemos. Compartimos una mirada cómplice, mirada de hastío, de resignación. Por un segundo nos entendemos. Cada uno toma su cerveza, se pone la careta y sigue la función. Pero él no sabe por qué quiero llorar, obvio que no sabe. No sabe lo que yo sé, obvio que no sabe. No sabe a quién extraño ni todos los recuerdos que me revuelve estar donde estoy y estar como estoy, susceptible hasta a un poco de viento frío. Por un rato está bien, eso es suficiente. Al rato se vuelve insoportable otra vez. Quiero estar sola, desaparezcan. Déjenme ahí con mi noche. Me voy cuando estallan los fuegos artificiales, huyo despavorida hacia una palabra que, como siempre, entienda todo. Casi siempre que quiero estar sola no sé cómo hacerlo. No es que quiera estar sola, es que no quiero estar ahí. Y la palabra no está, no está de nadie, no hay nadie, en ningún lado. En cuenta regresiva acelerada, los pensamientos de 5 días hacen colisión como si alguien frenara de golpe en plena avenida. Cuadrúple choque frontal en cadena. Saltan partes para todos lados, me desarmo en un único e ínfimo acto de destrucción reversible. Odio el verbo llorar pero no le conozco sinónimos. Lloro a montones, lloro con ruido, lloro en el baño y casi sin ropa. Suena de lejos un tema para la escena de la película en que la protagonista llora sin ropa en el baño. Pff. Tan cliché automático todo que me doy asco. La escena no podría ser más lamentable. Ni llorar tranquila puedo. A estas alturas ni sé bien por qué. Se me inflama el cerebro y lo siento doler y estallar en todo este agua horrible que me raspa los ojos. Qué mierda es esto. Frustración, impotencia, distancia, traición, encrucijada, estrés, incertidumbre, cansancio. Mucho cansancio. Tantas fuerzas juntas en dirección a mi pecho que cavan un hueco hecho como lentamente por una cuchara. Dónde estás. Aparecé. Te necesito. Te necesito. Abrazame. A lo lejos está la gente, qué hacen en mi casa, dejenme en paz. Esta no es mi casa. Hay explicaciones que no puedo dar. Mentir pasó de moda. No hagas la pelotudez de llamar a nadie. Alejo el teléfono, por las dudas. Los actos desesperados suelen ser los peores y los más trascendentales. Con qué derecho bajonearle el sábado a alguien. Nada que ver, aparte. Cada nueva idea de solución, peor y menos recomendable que la anterior. Ninguna puede salir bien. Esto no es una película, nena. Prendé la tele y quedate dormida. Ni se te ocurra pensar que mañana es domingo porque no sobrevivís ni a la noche. Mañana es domingo. Exagerando, este podría ser mi escrito póstumo y mi guionista renunció hace rato. Respuesta de la ecuación: sola es exactamente de la última forma que quiero estar.
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