domingo, 30 de octubre de 2011

a mi bici le andan mal los frenos

y justamente por eso me subí a ella y agarré una calle que baja en una pendiente peligrosa

lunes, 24 de octubre de 2011

la posibilidad del amor

Y rechazarla. Concreta, tangible, latente, visible. Ahí está, sí, ahí. Se puede saber incluso dónde vive y todo, y qué música le gusta. Pero no, no se puede ir y agarrarla y zambullirse en ella, no. Sí, en términos positivos, la posibilidad del amor se puede observar, se la puede medir, pero no se puede experimentar con ella. El amor a lo mejor es científico, su posibilidad no tanto. No, bueno, no da ponerse justo ahora a pensar en las concepciones del amor (concepciones eh, no conceptos, en eso ya se cagaron a piñas escritores , filósofos y abandonados durante siglos y nadie generó fórmulas ni leyes generales), la tuya ponele está muy clara, la mía más o menos (yo, por ejemplo, me siento una pelotuda empezando oraciones con "el amor" como si tuviera alguna verdad que decir al respecto), pero se entiende de qué hablamos. Eso que sería fuente de felicidad asegurada por un tiempo, eso, la descarga violenta de endorfinas, las feromonas que fluyen y se respiran, sonreir como boludo involuntariamente, sí, bueno, eso, nos entendemos. La drogadicción inherente a ser persona, querer eso, quererlo siempre, buscarlo siempre aunque lo neguemos o no lo entendamos o no lo creamos, buscarlo en mínimas y frustradas dósis, buscarlo con límites preestablecidos, como sea, pero buscarlo, por fuera de la conciencia. Entendí con el tiempo que en todo ese maneje hay una parte controlable, la racionalidad que le pone correa a la pasión (pasión como impulso) y la ahorca para que no se vaya corriendo de cabeza contra la pared. Pero, ¿cómo extender esa racionalidad por encima del instinto, por encima de la adicción que te persigue hasta en los sueños y te inclina a lanzarte desaforadamente sobre esa posibildad del amor? Es querer y no poder, es ser capaz pero no elegirlo, mirar para otro lado. Es una piña a la vida, una gancho de zurda al estómago, de esos que ahogan y te dejan sin saber bien qué hacer por un rato. Después uno piensa en el tiempo, escucha un tema lindo y, claro, la vida sigue.

Estos días estuve pensando todo este tema como una película. Visualizo el trailer, la canción que suena, la voz en off que hace preguntas retóricas que en realidad encierran toda la trama. Algún día la voy a escribir, pero esta vez en serio, y se va a llamar como esta entrada.

martes, 18 de octubre de 2011

el coraje del cielo por repetirse

Hay algo de este vaticinio de verano (no dado tanto por el clima sino por el ventilador prendido a las 2 a.m) y el insomnio inducido que reafloran una partecita particular de mí. Dos años atrás hubiera puesto un disco de Norah Jones, leído un libro y vociferado quejas por escrito hacia la pobreza categórica de sentimientos amorosos. Está cambiando el paradigma (sí, tenés razón, me encanta esta palabra) y de pronto en largas tardes de charlas involuntarias y mates automáticos, se destraba una barrera. No es volver a nada, es una perspectiva totalmente distinta que se construye. En simultáneo hay como una imagen recurrente, me incluye a mí, sentada frente a una computadora, está largamente entrada la madrugada de una noche de verano, fumo, uso una remera grande, tengo un gato, trabajo, o escribo cosas así, cosas como éstas, pero con cierta eficacia simbólica. Le tengo envidia a la gente que vive en modo creativo, yo hay algo que nunca pude sincronizar, me encanta husmear en flickrs y tumblrs de gente con la que no tengo nada que ver, me despiertan algo. Todo este tren de pensamientos intra-estudio, está atravesado por una canción bellísima con acordes disminuídos, y por el ideal de la soledad y la independencia. In-dependencia, no-dependencia, ausencia de dependencia, de nadie, de ningún otro y su cariño peligroso, el deseo de esa impunidad que parece un triunfo. No, es la comodidad de un escritorio y la cobardía de la frialdad, de las persianas bajas. La verdadera victoria está en el coraje, el cabezadurismo, la voz firme que va de cabeza hacia la pileta sin agua, no importa, es el grito del guerrero con el pecho abierto a las balas, en esa convicción casi religiosa y fundamentalista, ahí está el triunfo, así es increíble vivir. El coraje del cielo por repetirse.

(Y en todo esto debe estar el aprendizaje)

viernes, 7 de octubre de 2011

martes, 4 de octubre de 2011

de cuando no escuchaba lo suficiente a los Smiths

el 04 de octubre del año pasado me olvidé de todo. no sólo ese día, pero ése más intensamente, más violentamente, más contundentemente. y sí, nadie que llegue hasta ese punto llega sin vidrios polarizados en los ojos, sin una pared de concreto opaco que no deja ver cinco centímetros más allá de una misma y la pila certera de mierda a su alrededor.
ese día no supe todo lo que todavía había para mí en el año que seguía, no supe nada, no supe ni jamás se me hubiera ocurrido pensar que tenía: 6 ciudades por amar, 173 subtes para tomar, más de cinco y menos de diez amigos increíbles por hacer, 1328 risas estruendosas para compartir, 34 de ellas de reir hasta llorar y doblarse y no poder respirar, 198 fines de semana para destruir, 4 recitales para memorar, 292 cervezas, 143 gin tonics, 158 fernets, 98 whiscolas para tomar, 743 calles para caminar, 86 madrugadas inolvidables para olvidar, 236 horas para manejar, 28 autores académicos para leer, una carrera para aprender, 177 besos que dar, 4 personas para reencontrar, 203 tardes en ese parque de siempre para biengastar, una tabla para usar, 87 desayunos para compartir, 396 cafés por degustar adictivamente, 68 noches enteras de hablar y hablar con amigos, un montón de juegos que jugar, infinitos idiomas para aprender, infinitos libros que leer, infinitas películas para ver, infinitas fotos para sacar, infinitos discos para bajar (dos de los Smiths) e infinitas canciones para amar y aprender y componer. me olvidé de la vida, y de que había que vivir.

(ya no miro ese lugar, aunque siempre paso por ahí)

gracias, ustedes.

sábado, 1 de octubre de 2011

(cuando tenga un novio o un hijo quiero que sea como él)