Si algo se arrepintió de no haber llevado a ese viaje era algo para escribir. Y un montón de música. Era el segundo día y llovió repentinamente. Ella se sentó en la galería de esa casa a al cual le había costado poco y nada acostumbrars, con un libro, su libro, y un café mal hecho pero café al fin. Había algo en aquella narración y el golpeteo ordenado de la lluvia que la llenó de un deseo casi palpable de escribir, de escribir sobre cualquier cosa a su alrededor y sobre cualquier momento que transcurriera. Quiso escribir incluso sobre el perro que la rodeaba y que a falta de nombre había querido llenar de gloria llamándolo Dylan. Quiso escuchar a Ligia Piro. Quiso enamorarse. Quiso que el verano le trajera un alguien que hiciera que enero se pasara volando. Quiso fumar un cigarrillo o dos con una amiga y reirse. En ese momento la sóla idea le fue suficiente. Se conformó y sonrió. No quiso pedirle más a ese momento. Se enfríaba el café, se terminaba el libro, no paraba de llover.
lunes, 4 de enero de 2010
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que hermoso esto
ResponderEliminarme hiciste acordar terriblemente a cuando me fui a Bialet Massê, no había nadie excepto mi familia. Obviamente Cami se llevó unos libros, el discman (q en este caso, todo el mundo debe acordar conmigo en que ese aparato ya anticuado es mejor q los modernos mp3 porque podes ponerle 400 cds si qres...), muuuuchos discos que contenían de la más variada música (desde La Oreja de Van Gogh, pasando por algo nacional como Los Piojos, hasta Pink Floyd), y la guitarra, con todos mis ejercicios por practicar. Obviamente arruiné los oídos de todos mis acompañantes y los aburrí con mis ejercicios de púa, pero fueron unas de mis mejores vacaciones, al estilo más hippie... jaja xD
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