Alguien golpea la puerta. No era la primera vez que alguien se pasaba por allí, pero la presencia de otra gente no le era para nada usual.
Un muchacho que parecía simpático esperaba del otro lado con una sonrisa.
- ¿Si? – preguntó ella al verlo.
- Hola… - dijo un poco dubitativo al verla con su expresión despectiva e interrogante. - ¿Hay algún lugar para mí acá?
- Si querés pasar un par de días podés entrar… - respondió ella con el mismo desgano de quien está cansado de repetir una misma situación.
- No, no, yo vengo a quedarme – replicó el muchacho sin perder la inocencia y la simpatía.
- ¿Qué? Pero no querido… acá no entramos dos! – contestó ya un poco molesta por el atrevimiento de aquel joven.
- Es que… la chica de abajo me dijo que subiera, y me pidió que le dijera que ya es hora de que se vaya… que ella no quiere que esté más acá – retrucó él tímidamente.
- Pero sabés el tiempo que hace que estoy yo acá? Esa ya perdió el control sobre mí, por más que quiera ya hace años que vivo acá… no me va a poder sacar así porque sí, ya lo intentó y no pudo, creeme… – explicó refunfuñando.
- Sí, sí… comprendo. Ella me habló de su situación y…
- ¿De verdad? – lo interrumpió sorprendida.
- ¿Qué? – dijo él, atajándose ante la violencia de la pregunta.
- ¿Te hablo de mí? – volvió a preguntar. De pronto su expresión se volvió insegura.
- Sí, sí… me dijo que me lo tenía que decir, así yo podía comprender lo importante que era que la convenciera de que se fuera – prosiguió él.
Ella permaneció en silencio. Su firmeza se derrumbó de pronto, el temor se propagó por su rostro como un incendio.
- No solía contarle a nadie que yo estaba acá… - dijo como desde otro lugar que no era su cuerpo.
- Le decía que ella me comentó de la situación… y me dijo que le pidiera disculpas pero que ya no podía tenerla más aquí. Que ella había intentado echarla por todos los medios pero que usted se resistía y…
- Hace meses que me está intentando echar… - dijo ella alejándose de la puerta con la mirada perdida.
Entró en la habitación casi sin darse cuenta y se sentó en el sillón, incrédula de aquella situación. El muchacho entró dubitativo después de ella y cerró la puerta detrás de él, un poco preocupado por el aspecto de aquella muchacha.
- Ya me mandó algunos perejiles a ver si podían sacarme… incluso alguna que otra chica - prosiguió volviendo un poco en sí – Pero, pero se terminan yendo, yo ya tengo… ¿cómo decirte? Como un derecho de propiedad – concluyó, como intentando sacar un pensamiento indeseado de su cabeza.
- Comprendo – repitió él – pero al fin y al cabo, piense que depende de ella y solo de ella que nosotros estemos o no acá… y yo esta vez la veo bastante decidida y firme en sacarla a usted y darme un lugar a mí.
- Dejá de tratarme de usted, querés?! – hizo una pausa - Ella nunca tuvo la voluntad suficiente para sacarme! Primero me instaló acá… y me dejó quedarme. Al principio lo dudó un poco pero después hasta le gustaba que estuviera acá. Pero ahora no sé… se ve que se cansó o algo. Yo creí que nunca iba a pasar de verdad… quiero decir… fueron tantos años que… - dijo casi a los gritos en una mezcla de enojo, indignación y resignación.
- No se pong.. no te pongas así…pensá que esto es lo mejor para ella, es su voluntad – intentó calmarla él.
- Que desagradecida! Tanto daño le hice? Tantas molestias le ocasioné? Ya va a ver!
Yo ahora me voy, me voy… porque al fin y al cabo no me queda otra… si ella lo tiene decidido no me queda otra… pero es una ingenua si cree que no voy a volver nunca más! Cuando menos se lo espere y menos quiera voy a volver! Ella sabe que nunca va a poder sacarme de raíz! – se quejó mientras juntaba sus pertenencias.
- Vuelva cuando quiera – la desafió él con un tono mucho más firme. - Pero ahora váyase de una vez por todas que en esta cabeza hay lugar para una sola persona. Y esa dejó de ser usted.
lunes, 19 de enero de 2009
Habitantes
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