miércoles, 17 de agosto de 2011

la polaridad de las personas (ego, alter)

Te ví sentada por la puerta del frente del primer salón, ese que está apenas entrás. No sé bien qué hacía yo rondando por la entrada de la facultad ni por qué no estaba adentro de ese salón donde debería haber estado, la clase ya había claramente empezado. Te ví y estabas sentada adelante de todo, usabas ese pullover violeta que se nota que es viejo pero te queda bien. Pseudo recostada en el pupitre, cruzaste las piernas, seguro porque notaste que estabas demasiado tirada y no te gusta quedar como una descuidada. Entornaste la mirada parda con el frondoso ceño fruncido y le envidié a ese profesor bajito tu atención absoluta; lo compadecí por tener que soportar tus ojos fijos en el movimiento de sus manos y las ondeadas del cable del micrófono. Garabateabas apuntes en el cuadernillo que tenías frente a vos. El gesto fijo, inmutable, asentías mientras te hablaban de Benveniste y eso significaba que entendías, que reflexionabas. Anotaste algo y se te dibujó una media sonrisa de iluminada, por el sol perfecto y verde que se proyectaba por los ventanales a tu espalda, y por el nuevo conocimiento sobre deícticos que incorporabas y te gustaba incorporar. Eras diestra, sos diestra, yo zurda. Miraste hacia afuera, te ví distraerte por primera vez y supe que pensabas en ella y en abrazarla. Te apoyaste en la palma de la mano izquierda, codo fijo, y empezaste a dibujar sobre el banco. Starla. Lo sombreaste, lo remarcaste. Otra media sonrisa muecosa hacia la derecha y morí de celos. Como si no no hubiéramos levantado juntas esta misma mañana, como si fueras totalmente ajena a mí, como si fueras una sola persona, íntegra, entera, suficiente. No eras la mitad de nadie, mucho menos mi mitad, eras toda vos, para vos. Levantaste la mirada bruscamente con seriedad y me alertó. Te acomodaste el pelo lacio que te caía disparejo y alborotado sobre los ojos. Me pareció que a pesar de tus labios fruncidos estabas feliz, en paz, en equilibrio. El salón comenzó a inquietarse marcando el final de la clase y te levantaste junto con la multitud, te cruzaste el bolso. Nunca me viste, me desvanecí sabiendo que al menos hoy no somos dos, no soy parte, hoy sos vos, sola vos. Bien por vos.

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