Leí y leí y seguí leyendo porque la que escribía eras vos. No, no eras vos, estaba lejos de ser vos, ella vive en otra ciudad donde no vivís vos, pero en algún punto del cosmos ella sos vos porque ella y vos piensan igual, sienten igual, discuten igual. Leo creyendo que ella sos vos, dejo que ella me acerque hacia vos, adentro de vos, porque ella sabe escribir y expresar y exteriorizar y a lo mejor me pueda contar lo que te pasó, a lo mejor yo pueda entender. La leo sufrir, llorar, vomitar un amor que se le va, que se le escapa por el océano, la leo no entender, la leo atónita y despechada y destrozada. Le tengo un poco de compasión y siento como ese odio, su odio por esa mujer prófuga, tu odio, se eyecta contra mí, casi teledirigido, como si me correspondiera. Ese odio que no es más que la inecuación de un amor que rebota contra una pared, contra un océano, contra Europa. Ese amor que es tu amor que yo no sentí, que no pude, no pude, perdón. Porque ahora sé que no, que no te amé, porque me fui, sí, me fui, me escapé. Victoria se ve que tampoco amó, ella huyó, corrió, voló, escribió cartas y después no quiso más, no quiso hacerse cargo, como yo, y sacó un pasaje que es como abrir una salida de emergencia. Es exactamente eso, una salida de emergencia, en el sentido más profundo, inmediato y desesperante de emergencia.
Sí, la leo, la leo como si fueras vos, quiero sentir pena por ella pero después están tus palabras, tus mismas palabras, “y a mí quién me entiende”, “y esto cómo sigue”, “tus viejos esto, tus viejos aquello”. Esto no sigue, a mí nadie me sigue en mi viaje, la salida de emergencia se cierra atrás mío y me salvo yo sola. Entendelo. Vos podés seguir acá, podés sobrevivir, yo no, yo acá me ahogo, me asfixio. Está esa despedida de Victoria que es mi cumpleaños y vos en tu casa, ese avión que despega y vuela a España que es mi avión, el mismo, que vuela a Inglaterra, y su pena, su dolor desgarrador que es el tuyo. Y lo que entiendo leyéndola a ella es que no la pudo entender a Victoria, como vos no me entendiste a mí. Entediste que me escapé, sí, pero no entendiste mis motivos, no entendiste lo importante que era que me escapara, no entendiste la necesidad urgente e imperiosa de no estar más acá. Hacía meses que quería correr, lejos, en una dirección desconocida pero hacia arriba, hacia donde no oliera a mierda, a depresión, a paredes abolladas, a marcas en los brazos, a donde hubiera más que vacío. Y tuve donde correr, ví la luz verde, y corrí hacia ella, corrí como nunca en mi vida, casi sin mirar atrás, sin culpa, sin pasado y no te digo que no me dolió dejarte acá pero también me escapaba de vos. Me escapé como una cobarde, sí, pero no sabés a qué le tenía tanto miedo, no sabés lo que es tener ese miedo que te empalidece, te congela la sangre. Escapé de vos, sí, de mis viejos, sí, del encierro, de las llamadas perdidas en un celular en coma, de mí misma, de la enfermedad, escapé del vacío, escapé de la muerte. Entendelo.
martes, 30 de agosto de 2011
unforgiven
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creo que sólo se puede decir:
ResponderEliminarUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU
un abrazo
espero que sea un "UUU" uuuun poco bueno!
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