sábado, 3 de diciembre de 2011

andate a la concha de tu madre, Parsons

Casi siempre cuando más quiero estar sola es cuando me veo obligada a estar rodeada de gente en una situación de esas sociales. El tiempo no pasa rápido y yo sonrío tantas como me acuerdo por charla que alguien quiere iniciar. Hay chicos que gritan y llorar. Yo también quiero llorar. Miro a mi viejo, él tampoco quiere ni sabe cómo estar ahí. En eso nos parecemos. Compartimos una mirada cómplice, mirada de hastío, de resignación. Por un segundo nos entendemos. Cada uno toma su cerveza, se pone la careta y sigue la función. Pero él no sabe por qué quiero llorar, obvio que no sabe. No sabe lo que yo sé, obvio que no sabe. No sabe a quién extraño ni todos los recuerdos que me revuelve estar donde estoy y estar como estoy, susceptible hasta a un poco de viento frío. Por un rato está bien, eso es suficiente. Al rato se vuelve insoportable otra vez. Quiero estar sola, desaparezcan. Déjenme ahí con mi noche. Me voy cuando estallan los fuegos artificiales, huyo despavorida hacia una palabra que, como siempre, entienda todo. Casi siempre que quiero estar sola no sé cómo hacerlo. No es que quiera estar sola, es que no quiero estar ahí. Y la palabra no está, no está de nadie, no hay nadie, en ningún lado. En cuenta regresiva acelerada, los pensamientos de 5 días hacen colisión como si alguien frenara de golpe en plena avenida. Cuadrúple choque frontal en cadena. Saltan partes para todos lados, me desarmo en un único e ínfimo acto de destrucción reversible. Odio el verbo llorar pero no le conozco sinónimos. Lloro a montones, lloro con ruido, lloro en el baño y casi sin ropa. Suena de lejos un tema para la escena de la película en que la protagonista llora sin ropa en el baño. Pff. Tan cliché automático todo que me doy asco. La escena no podría ser más lamentable. Ni llorar tranquila puedo. A estas alturas ni sé bien por qué. Se me inflama el cerebro y lo siento doler y estallar en todo este agua horrible que me raspa los ojos. Qué mierda es esto. Frustración, impotencia, distancia, traición, encrucijada, estrés, incertidumbre, cansancio. Mucho cansancio. Tantas fuerzas juntas en dirección a mi pecho que cavan un hueco hecho como lentamente por una cuchara. Dónde estás. Aparecé. Te necesito. Te necesito. Abrazame. A lo lejos está la gente, qué hacen en mi casa, dejenme en paz. Esta no es mi casa. Hay explicaciones que no puedo dar. Mentir pasó de moda. No hagas la pelotudez de llamar a nadie. Alejo el teléfono, por las dudas. Los actos desesperados suelen ser los peores y los más trascendentales. Con qué derecho bajonearle el sábado a alguien. Nada que ver, aparte. Cada nueva idea de solución, peor y menos recomendable que la anterior. Ninguna puede salir bien. Esto no es una película, nena. Prendé la tele y quedate dormida. Ni se te ocurra pensar que mañana es domingo porque no sobrevivís ni a la noche. Mañana es domingo. Exagerando, este podría ser mi escrito póstumo y mi guionista renunció hace rato. Respuesta de la ecuación: sola es exactamente de la última forma que quiero estar.

1 comentario:

  1. sola para disfrutar del silencio (sin voces que nos persigan)

    =) un abrazo

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gotas de llovizna